miércoles, enero 18, 2012

(Vívida) Experiencia vivida


Nos gustan los testimonios personales. A todos. No me refiero a momentos o confesiones íntimas, sino a narraciones de experiencias vividas. En el colegio estudiamos historia, historia de la literatura, del arte, de la ciencia. Nos gustan las anécdotas que ayudan a recordar mejor las teorías. No retenemos tanto los datos como las narraciones. Me acuerdo de aquella serie con la que tantos niños aprenden historia y fisiología: Érase una vez. Recuerdo haber visto el capítulo del sistema linfático en 4° de la ESO. Tengo un conocimiento visual, pero creo que en general se entienden mejor las cosas cuando las personalizamos. Me gustaban aquellos glóbulos rojos, aquellos anticuerpos que tenían una introducción, un nudo y un desenlace. Una misión, unos antagonistas... No recuerdo mucho de genética, pero me acuerdo de los guisantes y de la familia Real, del zarevich hemofílico. Y en Historia me sucede lo mismo. No recuerdo los datos,las fechas; no recuerdo el listado de causas que llevaron a la Revolución Rusa, pero recuerdo un gato, una foto en una cabaña, un fotógrafo armado y joyas. Recuerdo la película de Nicolás y Alejandra o El Acorazado Potemkin más que el manual que tuve que estudiar en primero de carrera. No recuerdo las etapas de la pintura de Van Gogh, pero veo el rostro ansioso de Kirk Douglas en El loco del pelo rojo. Y no conozco bien la guerra Civil española pero están fijas en mi memoria las anécdotas de unos estudiantes de Madrid que huyeron por los Pirineos, la prohibición de acudir a los comedores populares a una niña que ahora supera los 80 por su madre, las hazañas de unos daneses que vinieron en bicicleta para unirse a las Brigadas Internacionales, una fotografía de mi abuelo en el frente y la explicación de mi padre: "su hermano estaba en el bando contrario, probablemente se enfrentaran en aquel lugar". Nos parece conocer mejor la Historia con una película histórica que con un documental. Sabemos cómo se sentían las personas (aunque a las que hemos tratado sean ficticias). La literatura también nos lleva a ese conocimiento afectivo y personal. La televisión se llena de programas (más bien morbosos y de escasa calidad) de testimonios. Nos encanta conocer los entresijos de los rodajes, las anécdotas de personajes históricos, los recuerdos personales. Nos atrae la subjetividad y nos lleva a un conocimiento verdadero de la realidad, del mundo histórico. Ese subjetivismo que tantas veces criticamos no impide el acceso efectivo a la realidad. La experiencia vivida se convierte en algo vívido, un conocimiento más profundo. Y por eso los documentales no pegan de falsedad si recurren a la subjetividad como método narrativo. A veces pretendemos que la vida sea blanca o negra y nos parece que lo no verificable empíricamente no es válido. 

El documental The thin blue line de Errol Morris será escándalo para muchos. Se narra un crimen desde distintas personas. Una especie de adaptación de Rashomon al cine de no ficción. El crimen sucedió. Hay un hombre muerto, un condenado, un absuelto, un juicio, varios testigos, una resolución. Pero quizás la resolución no sea justa, no responda a lo realmente sucedido. The thin blue line nos muestra la posible recreación del hecho desde las distintas versiones de los implicados. No ofrece una conclusión diáfana, no parece haberla. ¿Pero es menos real? Sabemos que la recreación no nos está mostrando la realidad misma, pero si abre horizontes a ese hecho. Ahora conocemos el caso, no por lo que recogieran los periódicos, ni por la sentencia judicial. Conocemos el caso de verdad, porque nos lo han contado los propios implicados.


También las experiencias vividas nos ayudan a conocer sucesos más generales, no necesariamente un caso en concreto. Intimate stranger es un documental sobre Joseph Cassuto, el abuelo del creador, Alan Berliner. Berliner recoge el material de la autobiografía inacabada de Cassuto para reconstruir su vida y comprender mejor su familia, sus orígenes. Cuando ese material ya no le da más pistar, acude a los testimonios de quienes conocieron a su abuelo, a archivos de sucesos históricos. Conocemos a su abuelo, casi en más profundidad que a nuestros propios abuelos, pero también alcanzamos a conocer otros muchos hechos: el éxodo sefardí, la Segunda Guerra Mundial, la cultura japonesa... Desde la experiencia de una persona llegamos a la comprensión de un periodo histórico amplio. Gracias a la subjetividad hacemos nuestros esos hallazgos intelectuales. Y no por dejar de ofrecer un amplio contexto histórico lleno de datos objetivos y empíricos podemos decir que aquello es falso o manipulador de la realidad. Desde esa subjetividad tenemos la tranquilidad de que no hay ningún intento manipulador o engañoso, solo la visión de alguien que vivió aquello.

miércoles, noviembre 23, 2011

Construcción

  Toda obra cinematográfica es una construcción. En la ficción nos suele parecer más obvio. Hay películas que se apoyan en esa "desilusión", en mostrar lo que queda tras bambalinas. Películas que juegan con los entresijos del cine haciéndonos profundizar en la naturaleza de la obra. Cantando bajo la lluvia, El show de Truman, Un rey en Nueva York, El crepúsculo de los dioses, La rosa púrpura del Cairo... Muestran distintos aspectos de la creación cinematográfica o televisiva. Nos quitan la ilusión de pensar que lo que vemos en la pantalla es real. Hace poco tuve la oportunidad de estar en la sala de proyecciones de la Filmoteca Navarra. El proyector mediante sus engranajes y su película de poliéster da vida a algo. Es como si una vida naciera a través de un haz de luz. Ver la película correr entre los mecanísmos a la vez que las imágenes de La dolce vita de Fellini aparecen en la pantalla hace tambalear la percepción del cine. Como cuando uno se acerca a un cuadro hasta casi rozarlo con la nariz. Uno ve las pinceladas, incluso algún pelo del pincel y no puede evitar temer por la obra final.

  Cuando es un documental lo que se muestra como construcción, el golpe puede ser incluso más fuerte. Estos fragmentos de realidad son también una construcción. Y si uno discute sobre los documentales de naturaleza y la realidad o engaño de los mismos puede estar sin levantarse hasta que el león se presencie en el cuarto de estar. En mi visita a la Filmoteca recordaba la obra de Vertov. La cámara que da a luz a una ciudad. Es el cineasta, más bien la cámara (comunista), quien da vida a lo que aparece frente a la lente. La manivela activa el mundo y unos carboncillos que se juntan muestran su grandiosidad. 

  Y aunque Vertov ya pasó, he encontrado a otro cineasta que crea, que construye, vida: Alan Berliner. He visto varias de sus obras y pienso que su pasión por el cine le hace introducirlo en las vidas que recoge y, en cierta medida, construye. En Family Album las películas domésticas unidas a grabaciones de voz crean una vida. Desde su nacimiento hasta su vida. Se podría comparar esa construcción de la vida con la propia construcción del film. Berliner da vida a unas imágenes del pasado con unas voces del presente. Mediante una construcción fílmica crea una construcción vital. Como el doctor Frankenstein toma piezas de aquí y allá y les inspira un nuevo espíritu. Y aunque no creaba vida, José Luis Guerín, a través de una obras en el documental En construcción, atrapa la vida de varias personas. YSandhya Suri hace un retrato de su familia, de su cultura, sus orígenes en I for India. También gracias al celuloide. Así, estos autores, cinéfilos, crean una pequeña historia del hombre. Con ladrillos y celuloide.

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