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sábado, agosto 25, 2012

Cine y memoria

 
  Tengo un amigo que tiene un olor característico. Debe ser el único de mis amigos y compañeros que usa esa colonia (tengo que preguntarle cuál es). De vez en cuando, en las situaciones más variadas, caigo cerca de alguien que huele exactamente igual que él, entonces la mente, la memoria, empieza una carrera hacia el pasado y saca todas las imágenes y sonidos relacionados con ese olor. Al principio le cuesta localizar las secuencias de la gran bobina de mis recuerdos, pero en seguida se enciende la bombilla del proyector y una secuencia de montaje aparece en la pantalla: aquel rodaje en el plató, esa conversación bajo el sol con un Ipad, un café de avellana espolvoreado de momentos amargos, un gesto para colocar el flequillo en su sitio... Mi memoria vuelve a proyectar siempre en imágenes y sonidos, en material audiovisual. Hay veces también en que un decorado, un paisaje, me trae escenas que allí sucedieron. Un paseo en coche por ese lugar mientras hablábamos de las amistades de guerra, una conversación en aquel banco, una espera frente a aquella tienda, un enfado en una parada de autobús. Pienso que la película de Malick, El árbol de la vida, está montada como el pensamiento humano: fogonazos de memoria, imágenes sueltas, conversaciones a raíz de un lugar, de un personaje. Porque aunque para narrar solemos utilizar el orden cronológico, la memoria compone versos libres. Pero me estoy yendo lejos, porque no sé nada de psicología ni es de lo que quería hablar, no vaya a ser que acabe dudando incluso de mi propio nombre. 


  ¿Cómo recordamos a los egipcios? De perfil. ¿A Luis XVI? En color pastel y con peluca. ¿Y a Hitler? En blanco y negro. Quienes hemos visto decenas de películas bélicas anteriores a Ryan y quienes lucharon en Vietnam, coloreamos las batallas con la escala de grises, incluso esas películas más recientes rezuman esas tonalidades grisáceas. Los gangsters se esconden bajo el ala del sombrero mientras dejan entrever un fusil gris entre los grises pliegos de su abrigo negro y sus zapatos se acercan al charco negruzco junto a su última víctima. El arte nos facilita conocer el pasado por sus representaciones. El cine y la fotografía dan un salto, grabando imágenes más cercanas pero tiñéndolas de blanco y negro. El cine crea en mi mente imágenes del mundo, pero ¿y cuando es el propio mundo el que crea imágenes del cine? No sé si es algo común, supongo que el dedicarse al cine influye, pero en mi cabeza hay vivos recuerdos que no proceden del mundo sino de la pantalla.

  En estás últimas vacaciones me he encontrado, sin quererlo, con grandes momentos del séptimo arte. Lo primero que me hizo caer en esto fue un paseo en barca por la Albufera de Valencia. Ya en la barca, que podía ser impulsada mediante una pértiga, nos desplazábamos entre estrechos pasillos de altos juncos. Había patos, el agua lanzaba destellos al reflejar el sol del atardecer, la barca se desplazaba sigilosamente, como escondiéndose. Y pensé que ya había estado ahí, pero con sol del mediodía. Pero en mi recuerdo las palabras, consejos e indicaciones no eran en valenciano, sino en italiano. Porque yo no había estado en esa barca, habían sido mis camaradas de la resistencia italiana en el último episodio de la película de Rossellini, Paisa. Y cuando vi atardecer allí mismo pensé que era un momento digno de El árbol de la vida o incluso de Apocalypse Now si entre tanto junco hubiera habido alguna palmera o un helicóptero sobrevolando las aguas con Wagner de fondo. Al acercarnos a la orilla y comenzar a saltar fuera de la barca vinieron a mi mente aquellos chiquillos que asustados huyen por el río y se refugian entre vacas. Ya al salir, vi una pequeña balsa hecha con gavillas de paja y me acordé de magnífica Amanecer de Murnau. 



  Recordé que unos días antes había visto unas fotografías de mi hermana en su viaje por Europa y estuve a punto de llamarle para explicarle lo que se había perdido. Vi una foto de ella y sus amigas en Viena junto a la gigantesca noria donde Harry Lime explicaba a Cotten su comparación con las hormigas. Subieron a esa noria sin conocer aquella intensa conversación. No sé si se fijaron en la placa que recordaba tan memorable suceso (si no hay una placa así, debería haberla). Sé que estuvieron también en la ópera donde sí hay una placa que recuerda a Mozart, pero ¿habría también otra que recordara a Wolfie y al hombre de la máscara doble? En Salzburgo no subieron al mirador donde fräulein Maria enseñaba la escala a los niños del general. En Milán no vieron a los mendigos de De Sica que sobrevuelan la ciudad en escoba. En Berlín no estuvieron, ¿pero qué más da si seguramente no hubieran tratado de encontrar a Bruno Ganz sentado en la escultura dorada?

viernes, abril 13, 2012

El arado que labró las llanuras (The plow that broke the plains. Pare Lorentz, 1936)


América desde el cine. Imaginamos un John Wayne, paseando por la estepa. Un John Wayne cabalgando, buscando un hogar. Un hogar en el que no faltan dificultades, una casa blanca con porche en medio de una explanada seca. Una casa de madera blanca, quizás rodeada de inmensos campos de trigo como la de Malick durante esos Días del cielo. O puede que sea una casa amenazada por un fuerte vendaval como el que consiguió que Dorothy acabara buscando a un tipo llamado El Mago de Oz. ¿De dónde salía esa atroz tormenta? ¿Acabarían el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y El León cobarde en un carromato atravesando el Dust Bowl y alojándose junto a la familia Joad de Las uvas de la ira?
Esas praderas llenas de futuro de los cowboys se convertían en llanuras desesperanzadas, en carros que levantaban polvaredas dejando atrás la sonrisa amarga del funambulista del bigotillo de El Circo. Los forajidos que asaltaban ranchos ya no eran villanos sino víctimas necesitadas de algo de comida. Los Bancos parecían abrir sus arcas a cada pareja de pistoleros que viajaran en un coche empolvado como Bonnie y Clyde o a un padre que ansiaba reencontrarse con los suyos mientras clamaba al cielo en busca de un hermano que le ayudara sinceramente: Oh, brother!


¿Cómo acabó esa tierra convertida en una polvareda infernal? Pare Lorentz se preguntaba lo mismo y en 1936 dirigió un documental sobre el origen de aquella tragedia. El arado que labró las llanuras tuvo la culpa de aquello, pero Estados Unidos no sucumbiría ante un error. Lorentz muestra el proceso de destrucción de aquellas tierras. Como un médico explica la historia clínica con imágenes que prueban la tragedia. Y como médico tiene una receta. Su discurso abre una puerta a la esperanza.

miércoles, abril 11, 2012

El último metro (Le dernier métro, François Truffaut 1980)


Hace mucho que vi Los 400 golpes de Truffaut. Hace quizás demasiado. Y quizás el olvido y el estudio de la historia del cine me llevó a ver El último metro como una especie de experimento cinematográfico. Pensaba encontrar algo críptico tipo Hiroshima mon amour de Resnais o algo estilo Al final de la escapada de Godard. Y encontré algo que me sorprendió. Una tragedia entre bambalinas con un estilo parisien que me recordó a Sous les toits de Paris (esos ciudadanos que se juntan en las calles para cantar y olvidar los momentos malos en la capital francesa). Truffaut decía que no se trataba de una película política, ya que eso era algo burdo. Su película gira entorno a los sentimientos de sus protagonistas. 

Estaba dispuesta a encontrarme con estructuras un tanto complejas propias de la Nouvelle Vague, pero salvo algún momento puntual, la película sigue bastante las convenciones a que estamos habituados. El director parece aprovechar algún recurso diferente, como el comienzo semi-documental, algunos planos con cierta añoranza de la Nueva Ola o esos personajes nada prototípicos del cine hollywoodiense. Los personajes atraen desde el primer momento. Catherine Deneuve no es ya aquella joven inocente de Los paraguas de Cherburgo sino una hermosa y madura mujer capaz de cagar con un teatro, un marido escondido y todos los dramas de una época. Gerard Depardieu, joven, tiene un gran atractivo en la película.


El momento histórico y la trama teatral permite un gran lucimiento artístico sin distraer de la historia y los personajes. La película es Europea de naturaleza. Intuyo que Tarantino había visto El último metro antes de hacer Malditos bastardos. Lo que en Tarantino se convierte en espectáculo, aquí resalta lo humano e íntimo. Una película de personajes más que de trama histórica. Aunque el componente histórico se hace indispensable. Fascinante final que consigue desconcertar durante unos minutos. Un juego de malabares exquisito a modo redoble de tambores final.


martes, abril 10, 2012

Documental y Propaganda de guerra. Why we fight y Listen to Britain


Propaganda de guerra. Imaginamos una voz autoritaria, unas caricaturas del enemigo, una bandera que ondea. El cine documental ha estado muy próximo a la propaganda bélica. Y es que todo líder político se da cuenta de la gran influencia del cine. Ya lo dijo Lenin: “De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante”. Parece que solo los dictadores han tomado medidas más estrictas de control del cine, y al margen de las ideologías y corrientes políticas, hicieron un buen trabajo. Grandes cineastas y documentalistas contribuyeron a crear propaganda durante los tiempos de guerra. El campo de la ficción cuenta con miles de ejemplos de películas de propaganda, sobre todo en la industria soviética y norteamericana, donde los estudios adoptaron las mismas transformaciones que el resto de las industrias pasando a producir material bélico. Durante la guerra, estos países produjeron un gran número de películas de género bélico o ambientadas en periodos de guerra como El acorazado Potemkin o Los mejores años de nuestras vidas

También el documental fue utilizado en el campo de la propaganda bélica. Es muy conocida la película de Leni Riefenstahl El triunfo de la voluntad. Las obras de propaganda de los totalitarismos llaman la atención por sus imágenes y discursos grandilocuentes, sin necesidad de recurrir a una voz que dicte la forma de pensar. La propia forma ya crea un discurso, facilmente comprensible por todos. 
Las democracias también recurrieron al cine y al documental. La estructura del noticiario es más típica de este tipo de producciones. Los grandes del cine de Hollywood contribuyeron a la causa en la Segunda Guerra Mundial con una serie de documentales titulados Why we fight.  El primero de estos documentales, Prelude to war, dirigido por Frank Capra ejemplifica el típico documental de propaganda bélica. Imágenes y comentarios claros, una voz "paternal" que indica el buen camino. Capra reúne gran material de archivo para construir su discurso bélico.



Otro estilo de propaganda bélica es el del británico Humphrey Jennings en Listen to Britain. Jennings recoge los sonidos de Gran Bretaña en el periodo de la guerra. Las escenas cotidianas de mujeres, soldados de permiso, fábricas armamentísticas son unidos por un hilo común: el sonido. El documental no recurre a una narración para explicar el impacto de la guerra en el país. Con cierto tono poético, Jennings no olvida que el cine es un medio sonoro también. Listen to Britain es un documental breve, de unos 20 minutos, que también se preocupó en el cuidado de la forma, por lo que aún hoy nos puede parecer interesante y atractivo.



lunes, febrero 06, 2012

El arca rusa (Alexandr Sokurov, 2002)

 No sabría muy bien cómo definir El arca rusa de Sokurov. No es ficción, no es documental, no es un ensayo audiovisual. ¿O quizás sí? Un experimento visual y cultural. La película es anunciada con lo siguiente: "2000 cast members, 3 orchestras, 33 rooms, 300 years, ALL IN ONE TAKE". Impresionante. 
Sokurov se lanza a varios océanos vastísimos: Una película de hora y media en una sola toma, un rodaje en el Hermitage, un ejercicio histórico-cultural... Muchos logros en una misma cinta, pero sobre todo El arca rusa es una película de gran profundidad. La historia rusa se entrelaza, aparece y desaparece en los pasillos del palacio. Y el Hermitage se convierte en un personaje más, no en un mero decorado. Al comenzar la película esperamos el corte, pero una vez transcurrido un rato, nos olvidamos del montaje, porque la cámara se desliza como un fantasma que todo lo ve. El ejercicio de la cámara es exquisito y a ello se unen los magníficos efectos digitales de fotografía, que crean unos ambientes oníricos que me recordaron a otra obra del director, Elegía de un viaje. Las reflexiones acerca de la historia, cultura e identidad rusa se mezclan, como en una labor de finísimo bordado. Lo más filosófico apoyado por una puesta en escena muy mimada. Magníficos vestidos, obras de los más grandes artistas, grandes figuras de la historia, música, bailes fastuosos... Un marqués frances guía a la cámara como un fantasma. Mantiene una conversación con el director. Y se expone, presentándose a personajes que vagan por el palacio. Supongo que me he perdido mil detalles por desconocimiento de historia rusa. Conozco a los zares, a Catalina la Grande, Pedro I, Nicolás y Alejandra. Vemos a Pushkin, al actual director del museo. Una conversación con la cultura, Europa, Rusia, el Arte.


La película va intrigando, llenando de asombro. La escena del baile final llenan de mil emociones. Todo el recorrido por el palacio nos conduce ahí, al último gran baile de la Rusia zarista. Y la salida del magnífico evento se convierte en un choque: ¡Adiós, Europa! Todas esas sedas y brocado bajando una impresionante escalinata que lleva a un cambio radical, a un desgajamiento de Europa. Ese último descenso resulta majestuoso, una explosión de sensaciones, una superabundancia visual, histórica y cultural. 
Es complejo comunicar una experiencia. Y El arca rusa lo es, no es una simple película. No hay una historia, hay 300 años de Historia. Un arca, como la de Noé, donde poner a salvo la identidad de un país: su cultura.

Y el comienzo del documental sobre el rodaje de la película

miércoles, enero 18, 2012

(Vívida) Experiencia vivida


Nos gustan los testimonios personales. A todos. No me refiero a momentos o confesiones íntimas, sino a narraciones de experiencias vividas. En el colegio estudiamos historia, historia de la literatura, del arte, de la ciencia. Nos gustan las anécdotas que ayudan a recordar mejor las teorías. No retenemos tanto los datos como las narraciones. Me acuerdo de aquella serie con la que tantos niños aprenden historia y fisiología: Érase una vez. Recuerdo haber visto el capítulo del sistema linfático en 4° de la ESO. Tengo un conocimiento visual, pero creo que en general se entienden mejor las cosas cuando las personalizamos. Me gustaban aquellos glóbulos rojos, aquellos anticuerpos que tenían una introducción, un nudo y un desenlace. Una misión, unos antagonistas... No recuerdo mucho de genética, pero me acuerdo de los guisantes y de la familia Real, del zarevich hemofílico. Y en Historia me sucede lo mismo. No recuerdo los datos,las fechas; no recuerdo el listado de causas que llevaron a la Revolución Rusa, pero recuerdo un gato, una foto en una cabaña, un fotógrafo armado y joyas. Recuerdo la película de Nicolás y Alejandra o El Acorazado Potemkin más que el manual que tuve que estudiar en primero de carrera. No recuerdo las etapas de la pintura de Van Gogh, pero veo el rostro ansioso de Kirk Douglas en El loco del pelo rojo. Y no conozco bien la guerra Civil española pero están fijas en mi memoria las anécdotas de unos estudiantes de Madrid que huyeron por los Pirineos, la prohibición de acudir a los comedores populares a una niña que ahora supera los 80 por su madre, las hazañas de unos daneses que vinieron en bicicleta para unirse a las Brigadas Internacionales, una fotografía de mi abuelo en el frente y la explicación de mi padre: "su hermano estaba en el bando contrario, probablemente se enfrentaran en aquel lugar". Nos parece conocer mejor la Historia con una película histórica que con un documental. Sabemos cómo se sentían las personas (aunque a las que hemos tratado sean ficticias). La literatura también nos lleva a ese conocimiento afectivo y personal. La televisión se llena de programas (más bien morbosos y de escasa calidad) de testimonios. Nos encanta conocer los entresijos de los rodajes, las anécdotas de personajes históricos, los recuerdos personales. Nos atrae la subjetividad y nos lleva a un conocimiento verdadero de la realidad, del mundo histórico. Ese subjetivismo que tantas veces criticamos no impide el acceso efectivo a la realidad. La experiencia vivida se convierte en algo vívido, un conocimiento más profundo. Y por eso los documentales no pegan de falsedad si recurren a la subjetividad como método narrativo. A veces pretendemos que la vida sea blanca o negra y nos parece que lo no verificable empíricamente no es válido. 

El documental The thin blue line de Errol Morris será escándalo para muchos. Se narra un crimen desde distintas personas. Una especie de adaptación de Rashomon al cine de no ficción. El crimen sucedió. Hay un hombre muerto, un condenado, un absuelto, un juicio, varios testigos, una resolución. Pero quizás la resolución no sea justa, no responda a lo realmente sucedido. The thin blue line nos muestra la posible recreación del hecho desde las distintas versiones de los implicados. No ofrece una conclusión diáfana, no parece haberla. ¿Pero es menos real? Sabemos que la recreación no nos está mostrando la realidad misma, pero si abre horizontes a ese hecho. Ahora conocemos el caso, no por lo que recogieran los periódicos, ni por la sentencia judicial. Conocemos el caso de verdad, porque nos lo han contado los propios implicados.


También las experiencias vividas nos ayudan a conocer sucesos más generales, no necesariamente un caso en concreto. Intimate stranger es un documental sobre Joseph Cassuto, el abuelo del creador, Alan Berliner. Berliner recoge el material de la autobiografía inacabada de Cassuto para reconstruir su vida y comprender mejor su familia, sus orígenes. Cuando ese material ya no le da más pistar, acude a los testimonios de quienes conocieron a su abuelo, a archivos de sucesos históricos. Conocemos a su abuelo, casi en más profundidad que a nuestros propios abuelos, pero también alcanzamos a conocer otros muchos hechos: el éxodo sefardí, la Segunda Guerra Mundial, la cultura japonesa... Desde la experiencia de una persona llegamos a la comprensión de un periodo histórico amplio. Gracias a la subjetividad hacemos nuestros esos hallazgos intelectuales. Y no por dejar de ofrecer un amplio contexto histórico lleno de datos objetivos y empíricos podemos decir que aquello es falso o manipulador de la realidad. Desde esa subjetividad tenemos la tranquilidad de que no hay ningún intento manipulador o engañoso, solo la visión de alguien que vivió aquello.

lunes, octubre 17, 2011

Man on wire (James Marsh, 2008)

Vuelvo a retomar el mundo del documental. En parte por las clases recientes, en parte por el profesor John Corner que me volvió a meter el gusanillo y, en parte, porque es lo que realmente me apasiona. Ahora que estudio Historia del Cine Narrativo, había dejado un poco de lado el documental. Pero he vuelto a pisar la mediateca y he hecho una buena elección.
Ya sabéis cuál es el documental que he visto, pero antes quiero explicar por qué me parecen tan fascinantes los documentales. A ver... una película, una gran película: Ladrón de bicicletas. Bien, una historia conmovedora, llena de belleza y humanidad. No es real. La lista de Schindler, una historia estupenda, apasionante, llena de aventuras. No es real. "Pero Schindler existió realmente". Sí, pero eso que veo en la pantalla sé que no es la realidad, ni una representación de la realidad. Es una construcción. "Vale, Man on wire también es una construcción". Un gran tema... Preguntadme en unos cuatro años. Pero ¿no es fascinante poder ver a Philippe Petit bailando sobre un cable entre las Torres Gemelas? ¡¿Sabías que hubo un hombre que anduvo en la cuerda floja entre las Torres Gemelas?! Es una pregunta genial, una pregunta que no he parado de repetir desde que he acabado de ver este documental. 
Claramente, Man on wire está construído como si se tratara de una ficción. Utiliza las entrevistas para crear una tensión y una intriga propia de las películas de espías, de robos (a las que se hacen varias referencias directas en el documental). Las entrevistas van cobrando más y más intensidad. Realmente, en este documental no podían faltar estos recursos, porque está claro que un tipo que tiene el valor de realizar semejante hazaña, no será aburrido sino apasionado. Y en un documental en el que el peso de la narración recae en entrevistas a los protagonistas es importante contar con personajes así.


Vamos conociendo a los protagonistas poco a poco. La forma en que cuentan la historia es tan atractiva que no se necesita más que una cámara y una silla para ellos. Las entrevistas en el estudio no resultan aburridas ni distantes. También se recurre a una representación del "golpe". Encaja a la perfección en la construcción porque está apoyada por material de archivo: los vídeos caseros de Petit, fragmentos del telediario, imágenes de la construcción de las torres.
El diseño del sonido es también impresionante. Hay mil pequeños detalles que se mezclan con la voz de Philippe y sus colaboradores. Sonidos que se mezclan con los recuerdos introduciéndonos más y más en la historia. Quizás el documental cree un efecto demasiado sentimental, pero esa emoción que consigue transmitir es algo real, no máscara para tapar fallos. Empezamos a entender la pasión de ese hombre, la intensidad de su sueño. Y lo descubrimos humano, incluso "miserable" al final. Si observamos fríamente la historia, no entenderemos las lágrimas de sus compañeros, pero esas mismas lágrimas nos abren un nuevo panorama, nos abren a la inmensidad y complejidad de las relaciones humanas. Un hombre consigue un sueño, su sueño más preciado. En una ficción al uso todos ríen: "y vivieron felices y comieron perdices". En la vida real, en un documental (que intenta atrapar algo de esa realidad), el hombre consigue su sueño y se haya perdido... Ahora ¿qué? Y sus amigos se contagian de esa confusión. Lo que parecía infinito, eterno, imposible, lo más alto ha sido conquistado. ¿Y ahora qué? Es interesante esa reflexión sobre el pragmático "why?". En la vida de los hombres no siempre hay un why. En los guiones de Hollywood ha de haberlo, en la vida... No sé si tiene que haberlo o no, lo que sé es que no siempre lo hay. 
Así que entre el funambulismo, los telediarios, las recreaciones y narraciones de estos hombres, nos acercamos a una hazaña llena de belleza y a un alma llena de misterios. Un alma humana.
Os dejo el trailer del documental y un corto del año 2005 sobre Philippe Petit narrada por el actor Jake Gyllenhaal.


lunes, octubre 10, 2011

Mr. Smith goes to Washington (Frank Capra, 1939)


Gracias a Dios y a la Universidad sé algo del sistema político de Estados Unidos. Porque para entender Caballero sin espada viene bien ese mínimo. La película, con James Stewart, nos lleva a Washington, que se convierte ante nuestros ojos en la cuna de la democracia, de la libertad y de todo lo bueno que existe en los corazones humanos. Y si ya la ciudad tiene bastante carácter místico, de experiencia casi divina, el protagonista viaja y la visita como si hubiera subido a saludar un rato a Dios Padre. Pero una vez superado ese primer empacho de exhuberancia patriótica, la película recupera un paso más laico.
Mister Smith goes to Washington, como dice el título original, y es allí donde el joven político madura y se da cuenta de la maldad del hombre, y de la mujer. El magnate de los medios de comunicación manipulando a su gusto el Senado. La mujer desesperada ante la injusticia. Los niños, cómplices y amigos traicionados, la madre dulce en el tranquilo campo. La receta es conocida o similar a otras muchas obras de la época, pero aun así, consigue atraparnos.
Stewart hace un trabajo brillante, ingenuo, torpe, de ideales grandes. Y casi nos entran ganas de aprender la Constitución americana para poder vencer esa gran injusticia. Querríamos apelar a algún artículo que hiciera recuperar la fe a nuestro protagonista. Porque esta película trata sobre la democracia, pero también sobre la corrupción de la misma. Este tema no se había tratado con tanta claridad antes, por lo que el film recibió numerosas críticas por parte del sector político.
Es divertido descubrir en esta película a los actores de la gran productora Columbia en estos papeles. Por el sistema de estudios, vemos a estos mismos juntos en otras películas como Vive como quieras. Curioso. Os dejo un no menos curioso tráiler de la época.

martes, octubre 04, 2011

The gold rush (Charlie Chaplin, 1925)





Realmente creo que no puede haber ninguna película de Chaplin que no me guste tanto que no me haga llorar y reir durante casi toda la cinta. La quimera del oro es menos sentimental que otras, pero tiene esa ternura tan característica de las obras de Chaplin. Supongo que el personaje del vagabundo es simplemente perfecto. Es pobre, por lo que le compadecemos; es elegante, todo un caballero, romántico y detallista, por lo que nos conmueve y le compadecemos cuando las chicas no descubren su valía. Es sencillo, descomplicado, ingenuo e ingenioso. Torpe, enclenque, divertido. Un personaje perfecto interpretado por un actor genial.


En esta película, Chaplin nos traslada a Alaska en plena fiebre del oro. Un buscador solitario camina despreocupado por las montañas. Y se topa con un oso. Pero la bestia no tiene ningún interés en el hombrecillo del bigote, no de momento. Las escenas en la cabaña de la montaña tras la impresionante introducción de los cientos de hombre trepando para cruzar el paso son divertidísimas. Chaplin hace un retrato genial del hambre. Y también en esas escenas aparecen animales que parecen adorar a Chaplin sometiéndose a sus órdenes: el perro en la cabaña, el oso que reaparece (ese debía ser menos obediente porque luego fue interpretado por un hombre), el asno, el San Bernardo del club. Y es que Chaplin sabe actuar como animal también, como lo demuestra en la escena en que se convierte en un gigantesco pollo.


La película está repleta de imágenes que han quedado en la memoria de la historia del cine, como la danza de los panecillos o la escena en que comen un zapato. Hay algún momento en que se hace un poco larga como cuando Big Jim regresa a la ciudad para buscar su mina de oro. Pero esa escena es la que conduce a un magnífico redoble final en la cabaña que se mece en el borde del precipicio y al insólito final.


El final de la versión original presenta a un Charlot triunfante en todos los aspectos, incluyendo un apasionado beso final que más tarde fue eliminado de la versión de los años 50 en la que también se añadió música compuesta por el mismo Chaplin y una narración que eliminaba los intertítulos.

Una película dulce y muy divertida, la favorita del propio director.


domingo, septiembre 25, 2011

Midnight in Paris (Woody Allen, 2011)


Owen Wilson se pasea por las callejuelas de Paris. "Una película para chicas" me dijo un amigo. "Os suele gustar porque la estética está muy cuidada y es bonita visualmente". Pues tenía razón en lo de bonita y para chicas. Midnight in Paris es una película de las que yo llamo de "sábado por la noche", de un sábado de semana cansada, no de semana estresante (esas piden Los próximos tres días o Quantum of solace). Realmente parece que Woody Allen solo quería hacer una película de curiosidades. Resulta atractiva la idea de encontrarse en el pasado e ir coincidiendo con artistas de la talla de Hemingway, Picasso, Ray Man o Toulousse Lautrec. Y Allen no ha podido resistir la tentación de dar una idea magistral a un cineasta como Buñuel. Truco de niño: "tengo tanto talento que puedo dar consejos sobre cine a uno de los grandes". Ese ser causa de algo conocido ya lo había hecho Aladdin al provocar la ruptura de la nariz de la esfinge de Keops.
La historia no tiene más. No hay nada claro en las motivaciones ni forma de actuar, pero no me parece un gran fallo ya que me parece que no aspiraba a más. Bonita historia, bonitas vistas de una bonita ciudad, bonita música, bonita ambientación, bonito reparto... Una pena: una chica bonita pero tonta.


viernes, septiembre 16, 2011

Das Kabinett des Dr. Caligari (Rober Wiene, 1920)



Qué difícil acertar con la reedición de las películas. Dudo que en la Alemania de comienzo de siglo acompañaran las películas expresionistas con música Jazz y con toques de Rock. Y no creo que ese tipo de música sea muy acertada para lo que una obra así supone.
Pero al margen de la versión que he visto, he de reconocer que la película es bastante atractiva, aunque solo por la estética. Una película expresionista, muy parecida a las obras de la Alemania de entreguerras. Pero un expresionismo demasiado formalista. A diferencia de otra película de la época como es Metropolis, El gabinete del doctor Caligari se prodiga mucho en la forma pero con menor lucimiento. Se queda corto en lo visual, pribablemente por falta de medios económicos; pero sobre todo se queda corto cinematográficamente. No hay nada en Caligari que nos haga creer que eso que vemos es real. Así como Metropolis, a pesar de un exceso formalista que a mí particularmente no me atrae, nos hace tomar por real lo que vemos proyectado, El gabinete se aleja mucho de esa magia del cine.

jueves, septiembre 15, 2011

El acorazado Potemkin (Sergei Eisenstein, 1925)

 
1925. Aniversario de la revolución rusa de 1905. El comunismo ha triunfado en el país. El cine se ha convertido en un arma, un arma intelectual. Luchemos, apoyemos al Partido con la imagen, pero no como lo hizo Griffith, hagámoslo bien. Comprendamos todos y cada uno de los mecanismos y engranajes de nuestro rifle. Eisenstein desarrolló toda una teoría del cine. Centrado en el montaje y su funcionamiento dialéctico. Siguiendo los experimentos de Kuleshov y llevándolos más allá, dirigió (bastante dirigió) El acorazado Potemkin.
No se habían utilizado antes tantos planos, tantos encuadres diferentes, aplicados  a la narración. Si ya Vertov había trabajado con el potencial del montaje para hacer una "sinfonía" de su ciudad y su cine; Eisenstein lo pone al servicio de una historia. Aunque más bien lo pone al servicio de una ideología. Con el montaje del filme quiso dirigir las mentes de los espectadores hacia donde él quería. Y, realmente, lo hace con maestría. Ahora nos resulta algo burdo el proceso de "adoctrinamiento" con metáforas visuales, pero en su momento enfervorecería a las masas. El montaje de colisiones lleva al espectador de la mano durante toda la cinta. Pero no es solo un adoctrinamiento para los camaradas campesinos o trabajadores. El estilo poético, más que narrativo, tiene un gran atractivo. Las fuerzas en colisión son también los elementos formales: las masas, líneas, direcciones... Y hace que casi cada plano quede clavado en la retina, en la mente. El pequeño paso entre los actos II y III, en la bahía, resulta magnífico. Un momento para contemplar la belleza  antes de llegar al momento álgido de la película: la secuencia en las escaleras de Odesa.

Cada plano tiene un fuerte apelativo. Esos rostros sonrientes sacados de los carteles de propaganda soviética ("Camaradas, uníos"), las botas y sombras amenazantes de los carteles de guerra, caras de hombres y mujeres normales, de trabajadores, de compañeros. La tensión de la escena se muestra en los ojos de cada personaje (todos personajes principales) que con gran naturalidad actúan o viven lo que allí sucede.
¿Demasiado dirigista? Sí. Pero con gran acierto y virtuosismo. A mí, me ha dejado con la boca abierta.

jueves, septiembre 08, 2011

Buried (Rodrigo Cortés, 2010)



Hacía mucho que una película no me atrapaba tanto. Cada minuto de metraje de Buried se vive como el mismo protagonista. O si no como el protagonista, como alguien cercano. Cuando se estrenó la película, se comentaba la increible capacidad de mantener una hora y media de tensión en un mismo escenario. Toda la película se desarrolla en el interior de un ataúd o caja de madera. Ese mantener la tensión me recuerda a la unidad de acción del teatro clásico: una localuzación, un periodo de tiempo único y una acción única. Quizás sea esa unidad lo que lleva a esa gran identificación. Estamos igual de presos que Paul, el mismo tiempo más o menos, y actuamos casi con él. Es sorprendente el diseño de sonido, que abre ese cajón y nos lleva a varios escenarios y situaciones distintas solo a través del oído. Los planos y fotografía ayudan a crear esa tensión también, pero ya hemos visto el rostro del joven conductor muchas veces, aunque no le escuchamos indiferentes en ningún momento. Sería interesante solo escuchar esta película, pribablemente captaríamos casi la totalidad de la historia. Pero Buried no es simplemente un artificio técnico. Las personas presentadas en el filme no son los típicos personajes planos propios de los thrillers. Aunque intervienen unos escasos minutos y no evolucionan en las dos horas de cinta, percibimos en cada uno la complejidad del ser humano. Una película muy recomendada, en resumen.

miércoles, septiembre 07, 2011

Metrópolis (Fritz Lang, 1927)


Fritz Lang dirige esta película, claro ejemplo del futurismo y expresionismo cinematográfico. Alemania, tras la Primera Guerra Mundial se convierte en uno de los grandes productores de cine. La UFA fue una de las grandes productoras a nivel global. Contaban con numerosos directores y cineastas. Los grandes del arte vanguardista tan en boga ponían sus manos en el cine. Así, la estética que se mostraba en la pantalla seguía los derroteros que el arte pictórico había tomado.
Metrópolis, a diferencia de muchas obras de esa época, contó con muchos medios materiales. La película resulta imponente. Destaca, en especial, la dirección artística. La ciudad de Metrópolis, el barrio subterráneo, no son meros decorados, sino obras arquitectónicas. El imponente imperio del Señor Fredersen, se logró con un juego de espejos y sobreimpresiones muy avanzadas para la época. La forma, el estilo es lo que hace a esta película innovadora, pero la estructura narrativa sigue los cánones ya establecidos. De ahí que a muchos no parezca una obra tan puntera en la historia del cine, aunque ha sido una de las obras más influyentes en muchos aspectos. La imagen del robot es aún un símbolo del futurismo y el modernismo (Y la estética pudo inspirar a Orwell para su libro 1928)



domingo, septiembre 04, 2011

The birth of a nation (D.W. Griffith, 1915)


Es bastante frecuente recordar esta película como una apología del racismo. "La película de los del Ku Klux Klan". Pero El nacimiento de una nación es una obra que marca un nuevo estilo, dirige el cine hacia lo que hoy es. En películas anteriores la narrativa cinematográfica aún no estaba establecida. Para nosotros es normal el lenguaje del cine, llevamos casi un siglo de tradición y hemos aprendido a leer las películas. Estamos habituados a los planos, al montaje. Sabemos que un primer plano quiere enseñar de cerca, no es una cabeza cortada. Entendemos que ese paisaje seguido de unos ojos es el que el protagonista ve. Pero el cine no nació con ese lenguaje.
Las películas anteriores a la obra de Griffith se acercaban más al teatro y su milenario tradición narrativa. Griffith es considerado como uno de los padres de la narrativa cinematográfica. Él puso las bases. Por eso, a un espectador actual, esta película le parecerá menos extraña que una de Méliès. Nos parecen antiguas las formas de interpretación, se hacen excesivas las tres horas de metraje, nos parecen un poco arcaicas sus técnicas visuales, pero reconocemos algo del cine al que estamos acostumbrados.


martes, junio 14, 2011

La guerra de los mundos de Orson Welles


30 de Octubre de 1938. Un joven Orson Welles pone en las ondas una adaptación de la novela de H.G. Welles La guerra de los mundos. Es sabido que ésta adaptación consiguió sembrar el caos en el país. Al comienzo del programa, la CBS lo introduce como una adaptación de la novela llevada a cabo por la compañía Mercury Theatre (creada por Orson Welles), pero la pericia tanto técnica como narrativa pronto hacen olvidar el carácter de construcción. Quienes no habían sintonizado esa introducción se encontraron con un boletín en el que se informaba de unos sucesos extraños: explosiones en marte, meteoritos que eran naves de extraterrestres... Los marcianos invadían Estados Unidos y parecían exterminar a la población. A los 40 minutos de emisión se recrea la muerte de uno de los periodistas, que subido al tejado de la CBS ve cómo una nube venenosa avanza sobre la ciudad. Es entonces cuando se anuncia de nuevo que se trata de una ficción. Después Orson Welles parece ser el único superviviente.


La adaptación de Howard Koch, guionista de Casablanca, es un gran acierto. No se trata de una mera adaptación a las ondas como la que también realizaron de otras novelas como Drácula o Los miserables, sino que emplea uno de los máximos poderes de la radio: su credibilidad. En los años 30, la radio era el medio de comunicación de masas por excelencia. Si la CBS cubría el evento de la invasión marciana, éste llegaba a millones de personas. Los efectos sonoros empleados, como interferencias, explosiones al fondo, junto con la magnífica interpretación de todos los actores, consigue imbuir al oyente (al espectador me atrevería a decir) en la historia. Los 60 minutos que dura la emisión pasan sin darse cuenta. Comienzan con un avance informativo, varias emisiones musicales interrumpidas por más boletines. Crónicas desde los lugares afectados, entrevistas a científicos, ruedas de prensa con políticos... Palabras y efectos que consiguen crear una imagen viva en la cabeza del oyente. Una imagen intuída y quizás por eso más temida, más aterradora. Orson Welles consiguió saltar a la fama tras este programa. Con tan solo 23 años mostró al mundo su gran talento. Orson Welles acababa su programa definiéndolo como una broma:  “Recuerden en los próximos días la terrible lección que han aprendido esta noche: (…) si su timbre suena y no hay nadie allí, no era ningún marciano, esto es Halloween”.



Dejo aquí el link para escuchar la emisión de Orson Welles en Youtube.

lunes, junio 06, 2011

La infancia de Iván (Tarkovsky, 1962)


¿Quién es ese niño que tan pronto aparece en una escena idílica como nadando a través de un cenagal? ¿Por qué ese niño de rostro angelical parece luego un demonio lleno de rabia? Un niño que trabaja como espía en la guerra, un niño que sigue jugando; aunque su imaginación va muy lejos y le hace jugar con el rostro perlado de sudor. En La infancia de Iván las respuestas van llegando poco a poco y con un estilo particular.
Tarkovsky nos narra la guerra con un niño como protagonista. Y lo hace sin mostrar batallas, sin casi mostrar al enemigo y mostrando tan solo dos víctimas. Pero lo que el director consigue es hacer visible lo invisible: los miedos, el aburrimiento, los nervios, las dudas. Nunca llegamos a acceder al interior de los personajes, ni siquiera del propio Iván, pero ellos consiguen hacernos sentir como ellos lo hacen. Sentimos esa misma desorientación.
La película entrelaza la historia con los sueños y pesadillas de Iván. La fotografía consigue reforzar esa ensoñación en que nos sumerge la historia. La cámara consigue hacernos soñar con complicados y pulcros movimientos que llenan la pantalla de belleza; pero también nos asusta cuando deja al niño oculto en las sombras o corre entre los árboles. La escena final con el material documental consigue hacer que al espectador se le encoja el corazón.

miércoles, mayo 25, 2011

A Eisenstein


Cine, arte, belleza, naturaleza. Explorando el mundo de la ficción, de la no ficción. Las herramientas del cine documental, la verosimilitud del cine de animación. Vivo en una ficción. Vivimos en una ficción. A veces me siento no persona, personaje. En un escenario perfecto. Tiempo muerto, pausa. Brisa suave que acaricia los trigales. Bailan, se mecen como fantasmas. Como si un ave majestuosa, invisible, pasara en vuelo raso. Huele a verano. El ave se estira, orgullosa, llegando a rozarme. El oro refleja. ¿Por qué no tiñe esas nubes? Un trueno, profundo. Polifemo en su gruta. Envidioso porque el ave no le acaricia. Y el trigo sigue meciéndose, suave, cantando una nana. Desprendiendo ese olor a recién nacido, a vida nueva, recién abiertos los ojos a la luz. ¿Cuánto tiempo queda? El tren se acerca, rápido, corto. Se desliza. Pasea, extraño, entre el trigo. Sin detenerse, ¿no se detiene?
Palabras, ¿por qué las escojo a ellas? Van Gogh sentiría oro en su piel, sobre su paleta. ¿Música? Demasiado misterio. Ni una fotografía, ni siquiera un documental. Lo siento, André, vente conmigo. ¿Cómo compartir? Un brochazo de pensamiento. Epaté, glimpse. Oro.
Ningún personaje cayó en tan buen decorado. Sin viajar. De camino a casa.

sábado, marzo 26, 2011

There be dragons (Roland Joffé, 2011)



There be dragons es la última película de Roland Joffé, el director de La Misión o Los gritos del silencio. La película narra varias historias cruzadas. Un periodista está investigando sobre San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, y descubre que estuvo en el seminario con su padre, con quien no habla desde hace unos años. Buscando la vida del santo, acaba conociendo a su padre. Las historias del pasado de San Josemaría y Manolo (el padre del periodista) están perfectamente ambientadas en las distintas épocas: Desde la infancia en un pueblecito aragonés, hasta la vida en Madrid en tiempos de la Guerra Civil española.

La película es un tanto compleja pues toca temas de bastante calado. La película que podría resultar una historia de aventuras ambientada en la guerra civil, es una profunda reflexión sobre el perdón. Los personajes están tratados con gran profundidad, mostrando los dilemas internos de cada uno. Me parece un acierto mostrar a San Josemaría de forma muy humana. Es semejante al tratamiento de los personajes de La Misión, con sus dudas, caídas y desconsuelos. Me encanta la escena del seminario en la que Josemaría responde a unas palabras insultantes con unos buenos puñetazos. Pero la escena que más me ha gustado es esa en la que tras presenciar el asesinato de un sacerdote en plena calle, los jóvenes del Opus Dei que convivían con Josemaría se rebelan y enfadan. Josemaría les hace ver que ellos harían lo mismo con esas personas y que lo harían con gusto. Pero no les dice esto como quien adoctrina desde un púlpito, ni como quien no tiene sentimientos, porque acto seguido se pone a llorar como un niño. También me encantó la escena del Metro.


Me gusta mucho también el personaje de Manolo, lleno de odio y, en el fondo, miedos. Me gusta cómo desde su personaje se muestra la guerra civil sin partidismos. Nos muestra los efectos y motivaciones de ambos bandos y, me parece, consigue hacer ver lo humano que hay tras cada guerra. No hay buenos ni malos, solo personas que luchan por la causa que creen justa.
Visualmente la película está cuidada al detalle. La ambientación está perfectamente conseguida. Consigue meternos en las tres épocas retratadas con un gran detallismo y elegancia visual. Lo único que rechina un poco de la decoración artística es el diseño del hospital que parece una nave espacial. Pero me ha parecido que todos los detalles, las pequeñas piezas de decoración, el vestuario... están muy logrados. Me gusta también la fotografía, aunque, quizás se intente impresionar demasiado con los movimientos de cámara. La película utiliza mucho el recurso de los cristales y espejos desde donde vemos la acción. También creo que destaca la introducción de la película con su cartografía y un montaje sonoro exquisito.


Ayer comentaba una amiga mía que no le convencía el título de la película pues puede llevar a engaños sobre el género del film. Aunque tiene un significado profundo y que se explica bastante, estoy de acuerdo con mi amiga, e incluso pienso que todo el "juego de los dragones" no está demasiado integrado en la totalidad de la historia. El personaje de Abileyza (Geraldine Chaplin) me parece encajado con calzador para explicar el título de la película. No me parece que aporte demasiado a la historia y me da sensación de que han puesto a esa actriz un poco de relleno con caras conocidas, como le sucedía en la película El orfanato.  Otra cosa que me parece un fallo es la calificación por edades de la película. Se ha presentado como una película para mayores de 7 años. Creo que la historia, el tema y la relación de los personajes es demasiado compleja y "adulta" como para niños de 7 años. Además contiene bastante violencia.


Encontrarás dragones me ha hecho reflexionar sobre esa capacidad del cine de hacer visual, y visible, lo íntimo, lo interno, lo invisible. Adaptando algunos pasajes de la vida de San Josemaría, se muestra a los ojos de todos su relación con Dios, su gran cariño hacia los demás, su capacidad de perdonar. Me ha parecido un gran trabajo de adaptar un personaje real a la pantalla sin tener carácter documental sino totalmente ficcional.

Os dejo aquí el trailer y un "Behind the scenes":





Os dejo también un vídeo del protagonista de esta película: San Josemaría.

sábado, marzo 12, 2011

The King's speech (Hooper, 2010)



Elegante, delicado, cuidado, british. The king’s speech de Tom Hooper es una película mimada hasta en los más pequeños detalles. El guión de David Seidler nos introduce en la vida de la Corona británica de forma cálida y humana. Conseguimos conocer al rey Jorge y juzgar todos sus actos como un amigo más. Partiendo de una pequeña anécdota se llega a construir una historia conmovedora y redonda. Una historia que no tiene una gran originalidad, pero que está tratada con el cuidado de las grandes películas clásicas.
Visualmente, la película, cuenta con un gran dominio de la técnica. El gusto por el detalle, por la composición, el equilibrio de los colores… Una meticulosidad muy británica. Por supuesto mejor verla en versión original. Es un inglés de la realeza, muy correcto, por lo que es fácil seguirla. Y ese acento inglés que no solimos escuchar en las pantallas de cine resulta suave y elegante al oído.
Colin Firth (ganador del Oscar por este trabajo) borda el papel. Todo el peso de la película recae sobre los tres personajes principales, en especial sobre Firth y Goeffrey Rush. La relación que se establece entre ellos tiene fuerza y un gran atractivo. Resulta interesante la historia del mentor. Rechazado por los teatros británicos a pesar de su perfecta dicción representando King Richard. La historia no tiene grandes acciones ni sucesos, pero va avanzando con delicadeza dejando un buen gusto. 

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