Porque el cine está lleno de magníficas historias e imágenes. Meters and meters of celluloid stories.
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miércoles, noviembre 25, 2015
Tenía un buen blog
Tenía un buen blog, pero llegó la tesis. Tenía un buen blog, pero aparqué el cine. Tenía un buen blog, pero me falta el tiempo. Ha pasado más de un año desde la última vez que escribía algo con fundamento, pero lo único que escribo ahora son páginas y páginas sobre la memoria y el cine, y algún otro texto de vez en cuando.
En ocasiones siento que he traicionado al cine, que lo he arrinconado y he dejado de mirarlo con fascinación. Me acerco a él con reticencia, con cierto prejuicio tedioso: ¿qué sorpresas le quedan por ofrecerme? No estoy desencantada, solo necesitada de terminar la tesis y encontrar alguna película de esas que provocan catársis. De vez en cuando me aventuro a entrar en una sala de cine para ver películas sencillas de las que no espero demasiado pero que sé que no van a decepcionar manteniendo las expectativas al nivel del espectador medio. No busco grandes obras de arte, las que encontré hace algún tiempo las revisito de vez en cuando. Muchas veces suelen preguntarme cuál es mi película favorita y he de confesar que es una de las preguntas más difíciles a las que enfrentarse. Tengo una lista donde voy apuntando toda película que veo, a algunas les añado una valoración, normalmente solo a aquellas que me han fascinado. Cuando la famosa pregunta cinéfila suena trato de responder con el título de algunas de esas pocas que tienen un 5 a la derecha, pero el título varía según la época del año, la persona curiosa e incluso las horas de sueño de esa semana. Aunque hace tiempo que no descubro ninguna obra extraordinaria, mis esquemas mentales siguen exigiendo lo mismo para poder alcanzar ese 5 en mi tabla de Excel: una buena historia y una puesta en escena bella. Respecto a las buenas historias he de reconocer que últimamente me he refugiado en las novelas clásicas y acerca de la puesta en escena he descubierto un panorama emocionante: las artes escénicas.
Cuando lancé este blog lo hice con el afán de dar vida a imágenes a través de textos variopintos. El texto dominaba; la imagen a veces catalizador, a veces adorno. Estudiaba Periodismo, me encantaba leer, me encantaba escribir. Después comencé a estudiar Comunicación Audiovisual y por lo visto traté de consumir todo producto que llegara a mis manos: libros, películas, fotografías, anuncios... Todo tenía cabida en el blog. ¿La línea unificadora? Solo mis gustos. Y entre esos gustos comenzó a despuntar el cine con gran fuerza y arrojo. El cine parecía satisfacer todos mis afanes e intereses; incluso mis preocupaciones más profundas. A través del cine podía mirar, captar cientos de imágenes y conocer a personas interesantes. Me interesaba el cine como arte, como arte humanizador. Empecé a analizar obras concretas y a alabar las virtudes del cine, a hacer teorías y claro... acabé escribiendo una tesis sobre cine. El cine era magia, era experiencia de vida... Pero descubrí, casi sin querer, que el cine era físico: era construído, era imagen. Y empecé a desarrollar una mirada más amplia, empecé a mirar y relacionar. Mientras que las historias se aferraban a mi alma, mis ojos no podían alejarse de esas imágenes de la pantalla. Y había otros ojos que, en mi interior, rebuscaban entre todas esas imágenes ya visitadas tratando de ponerlas en relación.
Ha pasado tiempo desde la última vez que escribía en el blog. Tenía un buen blog sobre cine, y quizá cuando acabe la tesis vuelva a reconquistar el campo del séptimo arte, pero ahora tengo otras inquietudes y preocupaciones. He descubierto otro tipo de historias, otro tipo de imágenes, he descubierto también la música. Tengo un proyecto de poner en relación nuestros fundamentos culturales para poder leer cada imagen en profundidad, comprendiendo todos sus referentes, sus relaciones, su pasado y su futuro. Me sigue interesando el cine, pero me interesa más comprenderlo dentro del conjunto de nuestra cultura. Entiendo que vivimos en un mundo que se ha configurado con el paso del tiempo y gracias a muchos artistas y personajes que han clavado señales en nuestra tierra para orientar a las personas de todas las épocas. No podemos juzgar nuestro arte sin conocer nuestro pasado, no podemos comprender nuestra actualidad sin entender nuestro bagaje histórico y cultural. Así que quiero embarcarme en una nueva aventura en la que habrá que recorrer ya no mares, sino océanos. Una aventura incierta pero apasionante que espero comience pronto. No sé si la comenzaré aquí o en otro rinconcito de la web, pero aviso para transeuntes: este lugar puede ser ocupado por vehículos desconocidos. Gracias.
sábado, agosto 25, 2012
Cine y memoria
Tengo un amigo que tiene un olor característico. Debe ser el único de mis amigos y compañeros que usa esa colonia (tengo que preguntarle cuál es). De vez en cuando, en las situaciones más variadas, caigo cerca de alguien que huele exactamente igual que él, entonces la mente, la memoria, empieza una carrera hacia el pasado y saca todas las imágenes y sonidos relacionados con ese olor. Al principio le cuesta localizar las secuencias de la gran bobina de mis recuerdos, pero en seguida se enciende la bombilla del proyector y una secuencia de montaje aparece en la pantalla: aquel rodaje en el plató, esa conversación bajo el sol con un Ipad, un café de avellana espolvoreado de momentos amargos, un gesto para colocar el flequillo en su sitio... Mi memoria vuelve a proyectar siempre en imágenes y sonidos, en material audiovisual. Hay veces también en que un decorado, un paisaje, me trae escenas que allí sucedieron. Un paseo en coche por ese lugar mientras hablábamos de las amistades de guerra, una conversación en aquel banco, una espera frente a aquella tienda, un enfado en una parada de autobús. Pienso que la película de Malick, El árbol de la vida, está montada como el pensamiento humano: fogonazos de memoria, imágenes sueltas, conversaciones a raíz de un lugar, de un personaje. Porque aunque para narrar solemos utilizar el orden cronológico, la memoria compone versos libres. Pero me estoy yendo lejos, porque no sé nada de psicología ni es de lo que quería hablar, no vaya a ser que acabe dudando incluso de mi propio nombre.
¿Cómo recordamos a los egipcios? De perfil. ¿A Luis
XVI? En color pastel y con peluca. ¿Y a Hitler? En blanco y negro.
Quienes hemos visto decenas de películas bélicas anteriores a Ryan y
quienes lucharon en Vietnam, coloreamos las batallas con la escala de
grises, incluso esas películas más recientes rezuman esas tonalidades
grisáceas. Los gangsters se esconden bajo el ala del sombrero mientras
dejan entrever un fusil gris entre los grises pliegos de su abrigo negro
y sus zapatos se acercan al charco negruzco junto a su última víctima.
El arte nos facilita conocer el pasado por sus representaciones. El cine
y la fotografía dan un salto, grabando imágenes más cercanas pero
tiñéndolas de blanco y negro. El cine crea en mi mente imágenes del
mundo, pero ¿y cuando es el propio mundo el que crea imágenes del cine?
No sé si es algo común, supongo que el dedicarse al cine influye, pero
en mi cabeza hay vivos recuerdos que no proceden del mundo sino de la
pantalla.
En estás últimas vacaciones me he encontrado, sin quererlo, con grandes momentos del séptimo arte. Lo primero que me hizo caer en esto fue un paseo en barca por la Albufera de Valencia. Ya en la barca, que podía ser impulsada mediante una pértiga, nos desplazábamos entre estrechos pasillos de altos juncos. Había patos, el agua lanzaba destellos al reflejar el sol del atardecer, la barca se desplazaba sigilosamente, como escondiéndose. Y pensé que ya había estado ahí, pero con sol del mediodía. Pero en mi recuerdo las palabras, consejos e indicaciones no eran en valenciano, sino en italiano. Porque yo no había estado en esa barca, habían sido mis camaradas de la resistencia italiana en el último episodio de la película de Rossellini, Paisa. Y cuando vi atardecer allí mismo pensé que era un momento digno de El árbol de la vida o incluso de Apocalypse Now si entre tanto junco hubiera habido alguna palmera o un helicóptero sobrevolando las aguas con Wagner de fondo. Al acercarnos a la orilla y comenzar a saltar fuera de la barca vinieron a mi mente aquellos chiquillos que asustados huyen por el río y se refugian entre vacas. Ya al salir, vi una pequeña balsa hecha con gavillas de paja y me acordé de magnífica Amanecer de Murnau.
Recordé que unos días antes había visto unas fotografías de mi hermana en su viaje por Europa y estuve a punto de llamarle para explicarle lo que se había perdido. Vi una foto de ella y sus amigas en Viena junto a la gigantesca noria donde Harry Lime explicaba a Cotten su comparación con las hormigas. Subieron a esa noria sin conocer aquella intensa conversación. No sé si se fijaron en la placa que recordaba tan memorable suceso (si no hay una placa así, debería haberla). Sé que estuvieron también en la ópera donde sí hay una placa que recuerda a Mozart, pero ¿habría también otra que recordara a Wolfie y al hombre de la máscara doble? En Salzburgo no subieron al mirador donde fräulein Maria enseñaba la escala a los niños del general. En Milán no vieron a los mendigos de De Sica que sobrevuelan la ciudad en escoba. En Berlín no estuvieron, ¿pero qué más da si seguramente no hubieran tratado de encontrar a Bruno Ganz sentado en la escultura dorada?
lunes, marzo 19, 2012
Cine y crisis
Crisis, una palabra de moda. No quiero hablar de películas
pegadas a la actualidad financiera sino de películas de crisis personales.
Partiendo de que en toda película con una narrativa clásica el protagonista
pasa por varias crisis, hay cineastas que construyen su obra alrededor de
grandes crisis personales. Crisis de valores, de convicciones, de identidad. Grandes
películas sobre problemas esencialmente humanos, comunes a todos nosotros. Situaciones
que a todos nos pueden pasar y que nos acercan misteriosamente a la película, a
los personajes. Por ello son películas que se quedan con nosotros, personajes
que volvemos a ver una y otra vez con el transcurrir de la vida.
Comenzaré con la más antigua: Amanecer (Murnau, 1927). Bellísima película expresionista cinematográficamente. Cada ángulo, cada recurso del montaje, cada composición, crea una sensación en el espectador. Una infidelidad y una decisión radical que llevan al protagonista a una gran crisis. Una lucha entre el bien y el mal simbolizados en dos ciudades y dos personas. El campo y la mujer que cuida amorosamente de su bebé son el bien; la moderna ciudad y la amante egoista son el mal. En medio, un hombre confuso, un hombre en crisis.
El hombre cae en la tentación de la mujer de la ciudad y decide acabar con esos hilos que parecen esclavizarle y "cortarle las alas". Tiene momentos de duda, diálogos con la tentación, maravillosamente mostrados mediante sobreimpresiones. El hombre va a tomar una decisión drástica, lo planea todo. Un perro parece ser el único que pone en sobreaviso a su mujer. Ella empieza a temer en la barca. Y ante el temor de ella, el marido se arrepiente. Llegan a la ciudad donde ella intenta huir de su marido, tratando de explicarse lo que ha ocurrido. Él le pide perdón una y otra vez. Enfadado consigo mismo, arrepentido, intenta consolarla. Ella sigue confusa y dolida. Ambos deambulan por las calles, mudos. Llevan el drama a la gran ciudad. El perdón ante los hombres no parece suficiente. Es entonces cuando ambos entran en una iglesia donde una pareja contrae matrimonio. Y solo al ver un amor nuevo que trasciende lo humano, el marido comprende lo que ha hecho y se arrepiente de verdad. Solo con esa carga de trascendencia él se arrepiente y ella perdona.
Pasean por la ciudad de nuevo. Esta vez ya no es un lugar malvado, sino una nueva oportunidad donde comenzar su historia de amor. Vuelven a hacerse jóvenes, a recuperar la alegría y el valor de su matrimonio. Un renacer a la vida y el amor tras una fuerte crisis. Tras haber vuelto a encontrar el sentido de su vida, sufre la muerte de su mujer. Pero ese amor verdadero provoca la "resurección" de la mujer. El amor ha salvado a los dos. El pueblo deja de parecer aburrido para ser un lugar luminoso.
También Cal en la película de Elia Kazan, Al Este del Edén, está sumido en una profunda crisis. Su padre, Adam (padre de todos los hombres) parece no reconocerlo como hijo suyo, él interpreta ese papel que su padre le ha asignado. Una historia de dos hermanos, uno ejemplar y el otro rebelde y atormentado. Los hijos de Adán, Caín y Abel. La Biblia nos cuenta que Caín mató a Abel por celos, por la ofrenda perfecta que su hermano había hecho. James Dean intenta ganarse el favor de su padre. Tras descubrir que toda su historia es falsa, tras conocer a su madre que pensaba muerta, entra en una gran crisis. Abandonado por todos, sin el amor de un padre, de una madre, decide "gastarse su parte de la herencia". Y al caer en todas las miserias decide volver al padre, como un hijo arrepentido. El hijo pródigo vuelve a casa, a sus orígenes, donde su hermano Aron siempre había permanecido. Y el hijo mayor se pregunta cómo ese pecador que abandonó a su padre es tratado mejor que él, que siempre estuvo a su lado. Pero el hijo desaparecido se encuentra ante su propia incapacidad para hacer el bien y la crisis estalla.
Abel (Aron) muere, Caín lo mata al mostrarle, en un ataque de ira e incomprensión, las mentiras de su padre. Pero Cal queda expulsado del paraíso. Lejos de su padre, solo de nuevo. Cal no puede volver a la paz hasta saberse perdonado por su padre, hasta saberse querido por sí mismo. Y el amor vuelve a curar, a superarar la crisis.
La película de Terrence Malick, El árbol de la vida, es quizás una de las películas más esperanzadoras ante una crisis personal. Jack (Sean Penn) se despierta tras haber soñado sobre su pasado. Ese sueño turba todo su día. En el trabajo recuerda a su hermano muerto en el pasado, habla con su padre a quien parece culpar de lo sucedido. Su día queda marcado por la duda, una revisión a su vida. Levanta el pensamiento a Dios, su memoria se pierde en retazos de su vida. La muerte de su hermano supuso una gran crisis familiar de la que parece no haber salido. Pregunta a Dios por su sufrimiento, Jack se plantea el sentido de su existencia, los porqués de su vida. Y Terrence Malick consigue mostrar esas crisis profundas en que uno comienza a dudar de todo: sus acciones, sus relaciones personales, su familia, la existencia de Dios, el porqué del mal, la esencia humana en comparación con la grandeza del universo. Y Dios parece responder a Jack. Le hace entender que somos solo una parte ínfima de la creación. Una creación llena de misterios y dotada de una gran belleza. El hombre el rey de la creación.
Entonces, como en pinceladas, Jack recuerda algunos momentos de su infancia. Desordenados, impresiones sensoriales grabadas en su imaginación. La película se centra en la relación de Jack con su padre y en el paso a la primera madurez del niño. Los enfrentamientos con el padre se intercalan con momentos de contemplación de la vida familiar y momentos de paz, casi angelicales, que tienen como protagonista a la madre. Los personajes hablan con Dios, le preguntan por el significado de sus vivencias, le agradecen sus dones y le piden ayuda. El niño mayor comienza a darse cuenta de que puede ser protagonista de sus historia, y ve como dañiño el control paterno. Busca la tentación, como cualquier niño en su despertar a la madurez. Pero aunque Jack actúa, también observa. Son magníficas las escenas en que el padre abraza a su hijo con infinito cariño y éste se halla confuso entre el amor que ha de tener a su padre y el odio que comienza a germinar en él.
Malick consigue detener mil y un detalles típicos de cada familia. Sin necesidad de grandes dramas ni tragedias, la vida de esta familia es la nuestra. No recuerdo ninguna película que consiga captar tanto de forma tan sencilla. El comienzo muestra una familia envidiable, parece que todo es bello, a pesar de los pequeños celos entre hermanos y las gamberradas de los chicos. Pero vemos que son una familia como cualquier otra. Sufrimos por el comportamiento del padre, pero le entendemos. Hay dos escenas en la película que dejan sin respiración. Una es el momento en que Jack se acerca a su padre que arregla el coche. Justo antes hemos oído las oraciones del chaval: "Ayúdame porque hago cosas que no quiero hacer. Ayúdame a no contestar mal a mi padre, a querer a mis hermanos". Y en medio de sus oraciones oye a su padre. "Haz que se muera". Jack se acerca a su padre, al gato que levanta el coche. Y tememos lo peor.
También nos hiela la sangre la escena de la discusión en la cena ante la mala contestación del hermano mediano. Sabemos que no va a suceder nada trágico, pero nos vemos en ese comedor. Comprendemos a nuestros padres, a nuestras madres. Recordamos peleas en nuestra casa, pequeñas insolencias de los niños. Los problemas de esa familia son los problemas de cada familia. Pero Dios está presente, y quizás por eso todo parece tener un sentido y una belleza intrínseca. Esa crisis de la madurez acaba con la inocencia del chaval y parece marcarle para siempre.
Dios continúa explicándole a Jack adulto el sentido de la vida y qué es el hombre para Dios. El final de la vida resulta majestuoso: Una visión del fin del mundo, de la resurreción de los muertos. Jack se reencontrará con toda su familia, ya no importarán los sufrimientos, el perdón será posible y sincero. Su padre le abrazará, y su hermano mediano muerto no le culpará. Jack comprende que los sufrimientos de la tierra no son nada comparados con la alegría del final. Su crisis de personalidad ya de adulto parece encontrar una luz, un sentido, algo hacia donde dirigirse. Es quiezás como ese dinosaurio del comienzo que parece que va a acabar con la vida del otro. Solo aprieta y se aleja, mirando hacia ese río que no deja de fluir. Sean Penn ya puede sonreír de nuevo.
Dios continúa explicándole a Jack adulto el sentido de la vida y qué es el hombre para Dios. El final de la vida resulta majestuoso: Una visión del fin del mundo, de la resurreción de los muertos. Jack se reencontrará con toda su familia, ya no importarán los sufrimientos, el perdón será posible y sincero. Su padre le abrazará, y su hermano mediano muerto no le culpará. Jack comprende que los sufrimientos de la tierra no son nada comparados con la alegría del final. Su crisis de personalidad ya de adulto parece encontrar una luz, un sentido, algo hacia donde dirigirse. Es quiezás como ese dinosaurio del comienzo que parece que va a acabar con la vida del otro. Solo aprieta y se aleja, mirando hacia ese río que no deja de fluir. Sean Penn ya puede sonreír de nuevo.
sábado, octubre 22, 2011
They were shot in black and white
Cuando se comenzó a introducir el color en el cine, volvieron a surgir enfrentamientos y discusiones sobre la esencia del cine como ya había sucedido con la aparición del sonoro. Hubo quienes veían este avance como una "herejía" cinematográfica. Para muchos, el cine era un arte sustentado en las características originarias: mudo y en blanco y negro. Rudolf Arnheim, por ejemplo, argumentaba que el cine era arte, y que lo que lo elevaba a esa categoría eran sus deficiencias en imitar la realidad. Otros, sin embargo, veían en el cine a color un paso más hacia una imitación más fiel de la realidad, lo juzgaban más realista. Muchos habían caído con el sonoro, que tanto cambió la concepción del cine. No creo que el problema del color supusiera tanto.
Ahora nos es perfectamente normal. Muchos ya no han visto películas en blanco y negro y, además, se oponen a hacerlo por una extraña relación mental de la falta de color y el aburrimiento. Eso sí, esos mismos que reniegan del cine en blanco y negro no dudarán en quitarles el color a sus fotografías. ¿Por qué? Para darle un toque "retro", o quizás porque de alguna forma perciban esa fuerza del blanco y negro. Quizás sean conscientes de que la ausencia de color evita las distracciones, centra la atención en el tema, en el volumen y las texturas.
Hay varias películas que han sido rodadas en blanco y negro no por falta de tecnología sino por potenciar el arte de ese film. Se me ocurren tres ejemplos que he visto recientemente. El primero en orden cronológico es Psicosis de Hitchcock. Rodada en 1960 podía haber sido rodada a color. No me imagino las luces del motel de Norman Bates a color, pero sobre todo no me imagino la famosa escena de la ducha llena de sangre roja. Porque el rojo es un color demasiado violento. Y sobre todo porque la película del mago del suspense no trata sobre la violencia de los asesinatos, no trata sobre la violencia física, sino sobre la intriga, sobre la violencia de una mente enferma. A medida que avanza la película, ese blanco y negro nos va ahogando.
Otra obra sin color es El hombre elefante de David Lynch. No sé cuál fue la razón del director para optar por el blanco y negro en 1980, pero sí que, al ver la película, pensé que no podía haber sido rodada en color. Tras el prólogo de la mujer y el elefante, somos testigos de una operación quirúrgica para presentar al protagonista de la historia. Esa escena habría resultado totalmente repulsiva de haber empleado el color. Además esa gran riqueza de grises crea una atmósfera exquisita. Cada minuto de la cinta hacía que me preguntara por las razones del no-color. Cuando aparece por primera vez John Merrick me reafirmé en aquella opinión: el color nos habría aterrorizado. Creo que la fabulosa ambientación también habría sufrido pues deberían haber contado con un director de fotografía que consiguiera detener el tiempo y el color en la época victoriana. El color podría haber supuesto una gran pérdida en calidad. Pero, sobre todo, habría dado una crudeza excesiva.
Y, por último, un caso conocido y tratado: La lista de Schindler. Claramente esta película no quería hacernos huir o apartar la vista, como con Salvar al soldado Ryan, sino acercarnos a un personaje. Hay escenas de gran violencia en la película pero nos encogen el alma, no las tripas. Otra vez no vemos el violento rojo atacando nuestra vista. Solo en una ocasión se emplea algo de color: con un ligero tinte rojo se colorea el abrigo de una niña. Es un discreto toque de color, podría incluso pasar desapercibido, pero tiene un gran poder por tratarse del color rojo. Nos adelanta un capítulo tremendamente violento. No vemos ninguna escena de violencia explícita hacia la niña, pero ver ese abrigo en la lejanía siendo lanzado a una fosa es un golpe brutal. En esta película Spielberg pone en juego algunos trucos de prestidigitador haciendo visible lo invisible como sucedía con Capra respecto al sexo. No se trata de una película sutil ni que disimule la violencia, pero no empacha, quizás por esa patina gris que se le aplica.
Ese blanco y negro buscado como recurso sirve para camuflar la crudeza física de la violencia. Una película como Malditos bastardos pecaría de hipócrita si se planteara el blanco y negro como recurso estético cuando quiere resaltar la fisicidad de lo que aparece en la pantalla. Tarantino quiere mostrar lo físico, lo corruptible y putrefacto del hombre. El blanco y negro sirve para acentuar lo espiritual y eterno, lo que no puede salpicar de forma poco agradable. Un recurso para embalsamar el espíritu y no dejarlo al capricho del tiempo y el gusano. Por eso los cuerpos son disparados a color, las almas, los hombres, en blanco y negro. Souls were shot in black and white.
miércoles, agosto 31, 2011
Libertad y medios
"Es normal que pase... Con lo que sale en la tele, a la gente le parece normal". Primer timbre: tele. No estabamos hablando de medios ni nada directamente relacionado con ellos. Luego sigo, pero es que, además, ha utilizado la palabra maldita: la GENTE. ¿Tú qué eres? ¿Un alienígena? Prosigue la conversación, esta vez encuentro alguien con sentido común: "Por mucha porquería que den, tú puedes cambiar de canal". ¡Olé! Hacía mucho que no oía algo así fuera de la Facultad en clase de Deontología o Ética o algo así. Si parece que todavía queda GENTE que no crea que los medios son el tridente del diablo. Y lo más importante: todavía hay quienes siguen creyendo en la libertad verdadera. Porque está muy de moda la palabreja "Libertad", pero la solemos dejar para discursos grandilocuentes o movimientos reivindicativos-revolucionarios. "¡Me estás imponiendo tu criterio! Déjame, que soy libre". Y tras el arrebato decimonónico, viene la búsqueda del cabeza de turco. Normalmente hay tres víctimas (inocentes por ser algo general) a las que se les suelen imputar todos los crímenes y fallos en que uno pueda caer: la crisis económica, el calentamiento global y los medios de comunicación. Pobres víctimas, palabras víctimas, pues suelen blandirse como sustantivo colectivo neutro, sin pensar que los colectivos indican un grupo de personas, seres humanos, y no secuaces del Infernal.
Todos somos libres y tolerantes, pero los medios parece que nos quitan la libertad. Al decir eso de "es que los medios de comunicación, es que el cine, es que la tele..." nos olvidamos de nuestro carácter, nos abandonamos al determinismo. Parece que si en la televisión veo x, acabaremos todos haciendo x. Si las películas muestran cada vez más violencia, acabaremos siendo más violentos. Si los documentales muestran ñus, acabaremos siendo ñus. O algo similar.
Frase que suele proceder a la negación de la libertad personal: "solo ponen eso porque es lo que la gente pide". ¡GENTE! ¿Tú qué eres? "Lo acabo viendo porque no hay nada más". Ahora sí, acabas de erradicar la libertad de la faz de la tierra. Para que luego critiques a los políticos por imponerse, al cambio climático por no dejarte escoger el tipo de zapatos, a la educación diferenciada por no ofrecer libertad, al cine por ser propagandístico y a Espinete por querer que todos le acepten. Cuando empecemos a descubrir la libertad interior, dejaremos de autodeterminarnos y autoimponernos corsés.
miércoles, mayo 25, 2011
A Eisenstein
Cine, arte, belleza, naturaleza. Explorando el mundo de la ficción, de la no ficción. Las herramientas del cine documental, la verosimilitud del cine de animación. Vivo en una ficción. Vivimos en una ficción. A veces me siento no persona, personaje. En un escenario perfecto. Tiempo muerto, pausa. Brisa suave que acaricia los trigales. Bailan, se mecen como fantasmas. Como si un ave majestuosa, invisible, pasara en vuelo raso. Huele a verano. El ave se estira, orgullosa, llegando a rozarme. El oro refleja. ¿Por qué no tiñe esas nubes? Un trueno, profundo. Polifemo en su gruta. Envidioso porque el ave no le acaricia. Y el trigo sigue meciéndose, suave, cantando una nana. Desprendiendo ese olor a recién nacido, a vida nueva, recién abiertos los ojos a la luz. ¿Cuánto tiempo queda? El tren se acerca, rápido, corto. Se desliza. Pasea, extraño, entre el trigo. Sin detenerse, ¿no se detiene?
Palabras, ¿por qué las escojo a ellas? Van Gogh sentiría oro en su piel, sobre su paleta. ¿Música? Demasiado misterio. Ni una fotografía, ni siquiera un documental. Lo siento, André, vente conmigo. ¿Cómo compartir? Un brochazo de pensamiento. Epaté, glimpse. Oro.
Ningún personaje cayó en tan buen decorado. Sin viajar. De camino a casa.
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miércoles, diciembre 15, 2010
Ars filmanda
Llevo cuatro años escuchando comentarios a modo queja contra los estudiantes de Comunicación. En 2º estuve a punto de hacer un manifiesto, subirme a una mesa e intentar que todas esas personas "anti-comunicación" se sonrojaran de vergüenza. Nunca lo hice, ahora voy por la vía pacífica.
También es cierto que es otro el campo que ahora me toca defender o criticar: El cine. No hay nadie en el mundo a quien no le guste el cine, simplemente porque a todos nos gusta la vida, las historias. Sé que habrá un par de pesimistas que lean esto y piensen dejar de ir al cine como manifestación contra este "asco de vida" o cosas por el estilo, pero todo necesita un tiempo para encontrarle la chispa... Vuelvo al cine (no quiero discutir sobre el sentido de la vida, la muerte, las coca-colas o lo que sea). El cine nos da vida, nos cuenta historias, nos hace sentir, nos hace pensar, nos hace querer. A veces nos hunde en la butaca o nos hace saltar sobre la mesa (en ocasiones roncar en el sofá, pero incluso así uno disfruta). A mí me encantan las historias. Cuando era pequeña devoraba libros, me sabía todas las películas de mi casa de memoria y en el colegio contaba mis "batallitas". Reconozco ser de esos que "vuelven del estanco y lo cuentan como si volvieran de Vietnam". Y me gusta. Pero también me gustan quienes "vuelven de Vietnam y lo cuentan como si vinieran del estanco". Y por eso me gustan las historias. Alguien vuelve de algún lugar y te lo cuenta.
Claro que hay películas malas, películas que te hacen enfurecer, otras que te aburren... ¿Y cuántas hay que te hacen querer aprovechar todo al máximo? ¿Cuántas te hacen querer luchar, querer vivir, querer cambiar?
Yo bebo imágenes. Cada mañana, junto al café, tomo mi dosis de imágenes. Las necesito. Desde el monte del Perdón por la ventana hasta pequeños detalles en el mantel, o incluso en el bizcocho. Imágenes por todas partes. Miro, miro, miro. Y bebo. Y me encanta descubrir esas imágenes que yo he archivado en mi USB libre de virus mental en la pantalla.
Me gusta conocer a gente nueva sin tener que sufrir un poco por el primer contacto. ¡He conocido a tantas personas valiosísimas en la pantalla! Personas complejas, personas sencillas, que me sorprenden o dejan indiferente. Pero personas de todas formas. Y algunas de ellas han llegado a ser casi como amigos, confidentes. Me fío más de ellos que de mí. Tengo la sensación de que les conozco mejor que a mí mismo.
Me gusta estudiar, sí, me gusta. Y he aprendido cosas sentada en el sofá. ¡El cine y la televisión sí enseñan, lo prometo! Uno puede inquietarse por mil y un temas sobre los que nunca tendrá tiempo de investigar más a fondo. Pero dos horas de emociones relacionadas con un tema quedan más grabados en la mente que muchas horas de biblioteca (no quiero decir que no haya que pasar horas en la biblioteca).
Ver películas no es perder el tiempo. Ver películas es disfrutar, sufrir, llorar, reír. Creo que nunca me he dormido viendo una película. Si tengo la oportunidad de entender y conocer mi mundo, ¿voy a perderla? Ver películas me acerca a América, me acerca a los historiadores, a los filósofos, a los científicos. Me acerca a mí misma y a ti. Ver películas enseña a ser humanos.
lunes, noviembre 08, 2010
Cerrado hasta el lunes (JC García, 2010). Producción
Rodar una película (y eso que este ejemplo es solo un cortometraje) es algo extraordinario. Un trabajo de servicio: Todos trabajan duro sin lucirse para que la gente pase un buen rato frente a las pantallas.
sábado, octubre 24, 2009
Nuestro proyecto para 'Television Feature Production'
Bien, por primera vez he tocado una cámara de verdad (no mucho en realidad) y hemos podido trabajar con equipo que daba el pego... Incluso teníamos esos micrófonos con pelos que se colocan sobre quien habla con un palo. Y tras varias semanas de trabajo, grabación y edición, aquí teneís el resultado.
Seis estudiantes, entre ellos una sueca, una americana (genio en edición), una Spanish, una Scottish y dos Scots . Un briefing: promocionar un nuevo festival de música sin decir quiénes son las bandas que van a tocar y contando con la página web de la universidad como soporte. Facebook siempre en medio para los meetings. Y con buen humor y 'buen rollo' se consigue esto. No es nada del otro mundo, pero teniendo en cuenta que todo lo hemos grabado nosotros no está mal...
El sónido no es muy bueno, así que necesitareis subir el volumen.
Cuando se descuelga la sábana con el grafitti, yo sujetaba el lado derecho. Bien sujeto, no?
Seis estudiantes, entre ellos una sueca, una americana (genio en edición), una Spanish, una Scottish y dos Scots . Un briefing: promocionar un nuevo festival de música sin decir quiénes son las bandas que van a tocar y contando con la página web de la universidad como soporte. Facebook siempre en medio para los meetings. Y con buen humor y 'buen rollo' se consigue esto. No es nada del otro mundo, pero teniendo en cuenta que todo lo hemos grabado nosotros no está mal...
El sónido no es muy bueno, así que necesitareis subir el volumen.
Cuando se descuelga la sábana con el grafitti, yo sujetaba el lado derecho. Bien sujeto, no?
lunes, septiembre 14, 2009
Stirling university
Bueno, aqui estamos. Escribiendo con faltas de ortografia, ya siento, pero pensaba que me lo corregiria y solo lo hace en ingles.Escocia es alucinante, parece otro mundo. Aun no estoy muy hecha pero puedo comentaros algunas de mis primeras impresiones sobre la universidad (solo he ido dos dias). Esto es la tierra de William Wallace (lease Braveheart). Y no es que sea la tierra, sino que es el pueblo. Justo en Stirling, donde esta mi universidad, es donde se encuentra el monumento a nuestro amigo William.
Si, esa pedazo torre es el monumento. No estoy muy segura, pero creo que ahí murio. Tengo que enterarme, no puedo seguir sin ver la peli de Mel Gibson. Bueno, aqui una foto del campus, al fondo se ve la torre de arriba.
El campus es enorme. Eso que se ve es un lago, y, si, pertenece a la universidad. Aqui abajo una foto del asunto. Hay un castillo en el campus, que aun no he visto, ni siquiera de lejos. El edificio de abajo a la izquierda es donde tendre todas mis clases. El de la parte superior derecha del lago es el otro edificio de aulas y despachos. Son gigantes, todo concentrado en dos super edificios. Tiene bares, tiendas, medico, agencia de viajes, campo de golf, de futbol... Un mundo.

Bueno, como small introduccion esta bien. Eso si, lo de ese sol brillante y resplandeciente...
Si, esa pedazo torre es el monumento. No estoy muy segura, pero creo que ahí murio. Tengo que enterarme, no puedo seguir sin ver la peli de Mel Gibson. Bueno, aqui una foto del campus, al fondo se ve la torre de arriba.
El campus es enorme. Eso que se ve es un lago, y, si, pertenece a la universidad. Aqui abajo una foto del asunto. Hay un castillo en el campus, que aun no he visto, ni siquiera de lejos. El edificio de abajo a la izquierda es donde tendre todas mis clases. El de la parte superior derecha del lago es el otro edificio de aulas y despachos. Son gigantes, todo concentrado en dos super edificios. Tiene bares, tiendas, medico, agencia de viajes, campo de golf, de futbol... Un mundo.
Bueno, como small introduccion esta bien. Eso si, lo de ese sol brillante y resplandeciente...
martes, septiembre 08, 2009
Adiós, España querida
Me despido junto con Juanito Valderrama. Adiós, España querida. Dejo atrás la tortilla de patata, sevillanas, a la gente campechana, Fcom...La siguiente entrada será desde Escocia, espero tener fácil el asunto Internet. Where can I connect my laptop to the net??
Ya tengo las maletas hechas, porfis, porfis que me perdonen los 300 gramos de más. Ayer por la noche otra y yo estuvimos jugando al tetris con la báscula siempre cerca. Quería llevarme un libro gordo para leer este curso: Los cipreses creen en Dios. Una pena, he tenido que cambiar, no había forma de que entrara en la maleta y además la báscula me empezaría a gritar. Aunque me llevo Los novios, os recomiendo Las doce sillas de la que ya hablé y que nadie parece haber leído esa entrada.
Espero que sigáis este blog también si se vuelve un poco scotish, aunque espero no hacerlo como Amaya me pidió.
Daré recuerdos a Nessie de vuestra parte, si le veo le sacaré una foto.
martes, junio 30, 2009
Los cínicos no sirven para este oficio

Se supone que tendría que haber dejado atrás el curso, las clases, los profesores... Pero la Comunicación, más bien la Facultad de Comunicación, se empeña en no dejarme marchar de vacaciones. Y lo mejor es que no me importa lo más mínimo.
El otro día fue la licenciatura de los de cuarto de Comunicación, y una servidora con varias compis (porfis, porfis) fuimos a ayudar en la organización. Neutramente uniformadas pudimos ayudar en el aperitivo y otros eventos de mayor relieve.
La ceremonia de licenciatura fue uno de esos momentos de exulte comunicacional. Los alumnos en sus discursos ensalzaban (cantaban las bondades) de sus respectivas licenciaturas. Después en unos discursos llenos de cariño y agradecimiento explicaron por qué habían escogido a sus padrinos. A veces parece que los alumnos no agradecemos las clases ni lecciones varias del profesorado, pero es que "las cosas se valoran de verdad cuando se pierden". Y robándole estas palabras al profesor padrino de la promoción aprovecho para manifestar mi agradecimiento.
Ya a las puertas de mi año escocés me doy cuenta de lo genial que han sido estos dos cursos. Me dan pena esos alumnos que se contentan con ir a los exámenes y aprobarlos para poder decir: "Soy licenciado en...". Pues se han perdido lo mejor: las lecciones magistrales, no sólo académicas sino de vida y comportamiento.
Y sé que en otras facultades no son tan fanes de sus profesores, en otras casi les hacen reverencias por los pasillos, pero en Comunicación una de las enseñanzas clave es aprender a valorar el mundo que nos rodea. Y para alguien que se dedica a los medios de comunicación puede ser complicado por todo lo que ve y el ambiente en que se mueve. Ya lo decía un gran periodista: "Los cínicos no sirven para este oficio". Hace poco me llamó la atención un artículo de Pérez-Reverte en el que afirmaba lo siguiente:
"Un buen periodista podía pasar sin despeinarse de Arriba a Informaciones, o al revés. Lo redimía el higiénico cinismo profesional."
No me parece buen periodista (apliquese a cualquier buen comunicador, ya se dedique a informar, entretener o persuadir) aquel que se escuda en el cinismo. El mundo puede carcomer el ánimo de quien lo vive a fondo. Los comunicadores se obligan a vivir cientos de vidas cada vez que investigan o hablan sobre otra persona, pero no por ello hay que tirar la toalla.
Y en palabras de Kapuscinsky de nuevo, y tomadas después por el padrino de promoción: "Para ejercer el periodismo ante todo hay que ser buena persona". Una meta alta que promete profesionales comprometidos con la realidad.
lunes, junio 29, 2009
Historia de una escalera
miércoles, junio 24, 2009
Un verano entero por delante
Por fin y también por desgracia, sólo en parte, han acabado los exámenes y el curso. Después de estas últimas semanas intensas llenas de arte, publicidad y boletines radiofónicos cambiamos de actividad. He de decir que entre los apuntes de mis asignaturas encontré material interesante para nutrir el blog, poco a poco.Pero, lo dicho, a cambiar de actividad. Besos, despedidas, remates de última hora y a descansar. Y, ante todo, a aprovechar el tiempo más que nunca. Porque el verano es muy corto y es cuando más cosas se nos ocurren hacer.
Sugerencia: Hacerse una lista de cosas a hacer. Leer todos esos libros que nunca conseguiste abrir en el curso, investigar sobre temas que te interesan, escribir, sacar fotos, viajar...
Bueno, algunos tienen que estudiar, otros hacer papeles y desempolvar idiomas. Vamos, que cosas que hacer hay. Claro que también hay que descansar, ir a la playa, tomar el sol y subir montes, pero no es lo único.
¡Viva el verano y su tiempo!
domingo, junio 07, 2009
Música en las calles
Son artistas, tienen un don, un talento. En sus hogares se escuchaba música. A su llegada a España no tienen más sitio que las calles. Llenan el casco antiguo con sus notas, alegran las tareas del resto esperando unas monedas que les permitan vivir un poco mejor.En La Vuelta del Castillo se sienta un joven rumano con su acordeón. Toca siempre la misma canción de la que la gente solo percibe unas pocas notas. Se quita la gorra para hablar conmigo. El año que viene regresa a su país con su familia.
Jalu toca la marimba en Carlos III. Deja de tocar cuando ve que me acerco y antes de decirle nada se dirige a mí.
- ¿Cómo estás? -Me pregunta mientras me tiende la mano- Hace frío. ¿Tú tocas?
- ¿Cómo estás? -Me pregunta mientras me tiende la mano- Hace frío. ¿Tú tocas?
Ioan y su compañero tocan el acordeón en un portal. También son rumanos y se alegran cuando me acerco a ellos. Observan cada movimiento que hago y siguen con la mirada a la gente que pasea sin mirarles. Cuando me alejo me despiden amablemente.
Las notas de sus acordeones, de su marimba y su bongo suenan por todo Pamplona. En cualquier lugar, buscan un público agradecido y generoso. Agradecen que alguien les mire a los ojos.
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